Todos tenemos nuestro lado racional y a veces en mayor medida nuestro lado irracional. Todos nos consideramos inteligentes, de tal modo que no entendemos cuando asoma nuestra pendejez y no logramos hacer nada para evitarla.
Algo irracional sería por ejemplo, renunciar a un trabajo en estos tiempos que corren, sin tener la seguridad de haber apalabrado (por lo menos) algún otro. O "enamorarse" de alguna dama de la vida galante y dejar atrás todo lo que nos proporciona cierto grado de confort y seguridad.
Hay irracionalidades menos extremas, que sin embargo continúan siendo eso. Opuesto a la razón.
Uno las expresa a través de un post en el blog, como tratando de convencernos de no hacer algo que deseamos, pero que sabemos provoca un perjuicio a nuestra razón o a nuestro bolsillo.
Así, la semana pasada comí pollito, esta semana volví a comer pollito, y este fin de semana quiero volver a comer pollito. Esto no tendría nada de particular, sino fuese porque el pollito que pretendo comerme el fin de semana representa un boquete (ya) en mis finanzas personales de unos 800-1000 pesillos.
La razón me implora que tome yo ese dinero y se lo meta antes que otra cosa suceda por el fondillo a un cochinito (nótese que para el DRAE tiene el mismo significado fondillo que fundillo). Si no hay un cochinito a la mano, podría hacer uso de cualquier alcancía o meterlo debajo del colchón. Pero mi lado irracional me domina en estos casos. Por más que trato de hacerle entender que tengo que comprar útiles y libros escolares, pagar tarjetas de crédito o simplemente ahorrar, la líbido se apodera de mis neuronas.
A veces pienso que con todo lo que he dispendiado en estos años, ya me hubiera comprado un depa de interés social, o me hubiera ido a Cuba a conocer a alguna jinetera (uppss, no les digo, la líbido me controla, jaja).
En fin, el lunes tal vez pudiera contarles quién dominó, si la razón o la sinrazón. La neurona o el Tribi.
P.D. Camino al trabajo, veo un carambolazo de unos 6-8 autos. No dejo de pensar que si hubiese pasado por ahí unos 20 minutos antes, tal vez estaría con el auto desmadrado y otro boquete en el bolsillo.
Llegando al trabajo me cruzo con una fémina grandota, morena, piernudota. No dejo de pensar que si me hubiese hecho caso a mi mirada libidinosa, tendría también otro boquete financiero (por aquello de invitarla a comer, agasajarla, adularla y todo lo que termine en -arla).