Llego a mi casa. Me echo el primero. Casi casi con prisa. No invierto mucho tiempo. Preferible acabar rápido que empezar a cansarme.
No obstante, reposo unos dos o tres minutos antes de echarme el segundo. Carajo, este sí me cuesta trabajo. A duras penas llego, de hecho me tardo casi el doble que con el primero. Me encanija cansarme tan rápido. Ni que fuera la gran cosa. Termino. Descanso ahora sí unos 5 minutos.
Empiezo con el tercero. Uta mauser. Está cañón. No sé si lo lograré. Tengo que hacer pausas continuamente. Siento que la cabeza me explota, el corazón me palpita fuertemente. Empiezo a transpirar profusamente. Solo falta que tenga yo hipertensión. Como quiera, alcanzo a terminar, casi con la lengua de fuera.
No entiendo, hace unos años me echaba yo los tres tranquilamente, en otras ocasiones y en otros lados, y no es por presumir, a veces hasta cinco.
Me dice la pexipata (PP): "¿Te cansaste?".
Yo, jadeante (PPP): "Sí".
PP sonriendo: "Es el ansia".
PPP: "¿el ansia???? ¿de qué o qué????".
PP: la ancia..nidad.
PPP (todo serio): ja......ja.....ja.
Como quiera es incomprensible. Hace unos años, vivíamos en quinto piso, y subía y bajaba yo tranquilamente varias veces al día.
Ahora que vivimos en tercer piso, me canso horriblemente. Me cuesta trabajo echarme los tres pisos al hilo, de continuo.