El otro día me tomé un café moccachino en la noche antes de acostarme y eran las dos o tres de la madrugada y yo vueltas y vueltas en la cama. Ustedes dirán: aprovéchalo y ponte a ver películas, lee un libro, súbete al guayabo (a esas horas lo único que recibiría de la pexipata sería una mentada de madre), ve el canal judicial o mejor aún el del congreso, o jálale el cuello al ganso en la madrugada. Podría ser una solución (la primera y la última), solo que al otro día me sentiría como si me hubiese atropellado un camión materialista y en el trabajo me la pasaría durmiendo y bostezando.
Ahora resiento al 1% lo que deben de sentir los consumidores de drogas que no pueden o (ya) no quieren drogarse.
Otro suplicio es que próximamente (y seguramente) me cambiarán a un espacio laboral de un metro cuadrado, rodeado de otros changos en mi misma situación (léase: pasaré de un nicho de confort a un nicho de jodidez). Acostumbrado en mi oficina (desde donde veía el pasto crecer) a echarme de vez en siempre (es decir, diariamente como a las doce del día, a las dos de la tarde y toda la tarde después de comer) unos cuantos pedos (léase flatulencias), imagínense ahora el tener que aguantarme (con el riesgo de reventarme una tripa) o sufrir el escarnio público de mis compañeros de desgracia. Podría traer una tortuga al trabajo y echarle la culpa a ella: "jajaja, miren a la tortuga, pinche tortuga pedorra" pero ¿quién en su sano juicio creería que es ella la culpable del olor a anhídrido sulfúrico?".
Tal vez tenga que dejar de bloggear. No faltará un chismoso que me acuse con los jefes: "miren al pexipato, se la pasa bloggeando (o chateando o rascándose un huevo o viéndole las nalgas a las nenas que pasan)".
El último suplicio me abstendré de contárselos. Por salud mental. Los amigos tal vez podrían darme una palmadita en la espalda y decirme: "no es tan grave, podrías estar muerto o ser un inmigrante centroamericano tratando de cruzar las dos fronteras en busca del sueño americano, o que el tribilín de plano ya no te funcionara ni con tres pastillas de viagra". Los enemigos y detractores, en cambio, sus carcajadas se escucharían de aquí a la Tierra del Fuego o al Desierto de Atacama.
Jajajajajaja.
Quod dixi dixi