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mardi, avril 22, 2008

Vanalidades, con B de Burro

El otro día, Adri hablaba de unos zapatos bellísimos que había comprado, usado y jamás vuelto a calzar.

Si hay diferencias entre hombres y mujeres, que las hay aunque suene a perogrullada, creo que esa es una de ellas.

Las mujeres, las que conozco, se vuelven locas comprando zapatos. No importa que los usen una sola vez, o un día por semana o con el color de ropa que combina o no.

Los hombres, los que conozco (no incluyo a metrosexuales, ubersexuales, o a transexuales, porque no figuran en mis amistades, je), compramos zapatos porque de otro modo andaríamos descalzos. Aclaro, cuando los compro no me importa nadita de nada si son la última moda o están chulísimos o no. Me importa que se sientan cómodos. Y ahí entra otro petit problema. Al precio que podemos pagarlos, casi siempre se sienten cómodos al momento de probártelos en la zapatería, pero días después parecen instrumentos de tortura.

Justo ahorita, traigo unos que quisiera aventar lejos, pero no puedo, jeje.

Adri también enfatizaba que los zapatos eran bellísimos. Yo pienso que lo que embellece son los pies femeninos. Bueno, ambos, zapatos y pies.

En el caso de los hombres, no creo que embellezcan nuestros pies. En todo caso, ocultan y disimulan el rugido de nuestras patrullas, jaja.