Y eso de que son muchos, es una falacia. Más bien, son un chingueteral y dos montones.
Cualquiera diría que se reproducen por generación espontánea. Pero no, más bien la culpa la tendrían los gobiernos neoliberales y aquellos corruptos e innobles, pues también la izquierda a veces hace sus tarugadas.
El fin de semana andaba yo muy contento (cualquiera que me conoce inmediatamente piensa: "ah, que chico tan risueño, siempre sonriendo") circulando en mi run-run, cuando de repente no se de donde salieron un chingamadral de ciclistas. Jijos de su Huehuetoca mauser.
Cualquiera pensaría que conducirían con prudencia, ante los pinches automovilistas chilangos. Pero no, estos ciclistas tal vez se consideraban protegidos por algún conjuro divino. El caso es que te aventaban la bicla.
Tal vez no eran (tan) machos, pero eran un titipuchal.
Ahí iba el che pexipato tratando de esquivarlos. Oigáme, noooo. Era para que ellos se cuidaran de uno. ¿De cuando acá los putos patos le tiran a las escopetas?
Yo creo en cierto momento se sintieron amenazados por el bólido del pexipato, pues me empezaron a zumbar las orejas de tanta mentada de madre que me dirigieron.
Uno más macho le tiró una patada a la parte delantera de mi run-run. Jijo de su huitzilopotzchli mother. Me dieron ganas de bajarme. Viendo que eran un chingo, lo reconsideré y mejor me dieron ganas de aventarles el carro, jeje.
En eso me vino a la mente las anécdotas de Santa Jess(ica) de Salamanchester. De cuando atropelló un che ciclista y atemperé mi ánimo.
N'ombre, imagínense ahora que los 40 o 50 millones de mexicanos en pobreza incipiente o extrema, salgan a las calles. Nos van a partir la madre. A los riquillos no, esos tienen sus millones o billones en los yunaits o en Suiza. Pero los clasemedieros sandwicheros, esos sí no los la vamos a acabar, jajaja.
Llegando a la casa revisé mi run-run. El jijodelmaíz por poco y le rompe un faro. Fácil, me hubiera salido el chistecito en unos dos mil o tres mil pesos.
Y todavía hay quien dice y opina que el gobierno no ayude a los desposeídos. No digo que les regale el pescado, pero sí que los enseñen a pescar.
Porque o pescan o en una de esas nos pescan, jaja.

