
Imagínense que de un día para otro, a través de un mensaje televisivo y radial le ordenan a la totalidad de la población de El Salvador (o Nicaragua o Dinamarca o Líbano o cualquiera de los otros cien países con menos de 7 millones de habitantes) permanecer en lo posible dentro de sus casas, no ir a la escuela o al trabajo, no acudir a aglomeraciones, conciertos, estadios o cualquier actividad que implique un contacto masivo.
Pues bien, eso es lo que ocurrió la noche de jueves a viernes en México.
Se dice fácil, la magnitud es enorme.
Si esto se ampliara a nivel nacional (la suspensión de actividades escolares) estaríamos hablando de unos 35 millones de personas involucradas.
Mis respetos para las autoridades de Salud en México. No la tienen fácil.