¿Qué otro diagnóstico puede hacerse cuando la joya de la economía de un país se halla atrapada entre balas, cuando es tan sencillo secuestrar a funcionarios como Edelmiro Cavazos, alcalde panista de Santiago —municipio colindante con Monterrey—, quien apareció muerto ayer?
En menos de dos años, Monterrey pasó de la violencia ocasional en los barrios pobres a los narcobloqueos en toda la ciudad, las granadas contra los medios locales, los secuestros de funcionarios públicos en las puertas de sus casas.
Y suena horrendo. ¿Los habitantes de Monterrey están de acuerdo con este editorial? ¿Los reporteros están exagerando? ¿Estaban exagerando hace pocos años al hablar de Ciudad Juárez, Reynosa o Torreón?
¿Dónde está(ba) la inteligencia militar, policiaca o política? ¿99 millones (de cien) o 107 millones (de 108) no podemos pensar, definir, implementar, accionar alguna solución para resolver este problema? ¿Nuestras neuronas no dan para más? ¿Tendremos que tocar (más) fondo para que se nos prenda el cerebro? ¿Calderón, García Luna, Blake, los políticos, etc. no ven más allá de sus narices? ¿No tienen hijos, sobrinos, nietos, esposas, etc.? ¿Les vale una pura y dos con sal este país? ¿Son tan ineptos, mediocres o inútiles? ¿Están agarrados de las manos o coludidos?
¿99 millones de mexicanos no podemos contra un millón? ¿El problema está en otra parte? ¿No valdría la pena que nuestros políticos y empresarios dejaran de robar seis o doce años, atacar el problema de la pobreza y la desigualdad o inequidad social, para ver si las cosas tienden a mejorar? ¿No amamos este gran país?
¿Acaso vivimos y cohabitamos en universos paralelos?
Quod dixi dixi