Lo que me sorprende es que en estos tiempos difíciles yo solo pienso en una sola cosa. Bueno, en dos, considerando también a la influenza. O tal vez en tres, considerando que ya se me acabó la quincena y úrgeme que paguen la siguiente.
La culpa por supuesto la tienen las mujeres. Que necesidad de andar con pantalones ajustados o con escotes pronunciados. La de recepción, que necesidad que esté como me las recomendó el doctor. Si anduvieran todas con sus trajes de astronauta, yo ni las tomaría en cuenta.
Sorpréndeme asimismo que en los USA los casos siguen aumentando. En 41 estados (¿de 50?) ya llevan 896 casos aunque solo dos decesos. O uno, si quitamos al toddler de origen mexicano de las estadísticas.
Aquí Galván Ochoa sigue diciendo que el gobierno magnificó innecesariamente el asunto. A pesar de que Ebrard no es santo de mi devoción, yo sigo pensando que actuó correctamente al cerrar escuelas, restaurantes y negocios.
En otra noticia afirman que el virus ya andaba circulando desde septiembre del año pasado y que seguramente no todos los que se contagiaron enfermaron y menos murieron. En otra noticia nos dicen que si se convirtiera en pandemia este asunto, se contagiarían en el mundo unos dos mil millones de personas. No habría ni vacunas ni antivirales suficientes. Usar en ese caso extremo tapabocas, alcohol en gel, o lavarse las manos, serviría para dos cosas nuevamente. Todo quedaría limitado simplemente a: águila o sol. Así de simple.
¿Exageran la OMS, la CDC?
Solo el tiempo dará la razón a unos, a otros, o a ninguno.