Hoy iba a comentar de aquello en lo que estamos pensando todos los días. Pero no, vayan a pensar que está uno obsesionado con ello, que no puede uno dejar de pensar en ello, que uno es un pervertido.
Aunque admítanlo, todos ustedes están pensando en ello cotidianamente, bueno la mayoría. Todos los días. Salvo, algunos, los fines de semana y otros en vacaciones. Ahí ni se acuerda uno.
Aún antes de levantarse de la cama, a la hora que suena el despertador, piensa uno inmediatamente: chin, tengo que ir (o tengo que ponerme) a trabajar (en el trabajo o en casa), jeje.
Hoy no hablaré de trabajo, pues.
Hablaré de olores, aromas. Ustedes ¿pueden recordar, imaginar mentalmente los aromas? Yo no, necesito olerlo para acordarme "ah, este ya lo conozco o este no lo conozco". Y necesito oler, para recordar alguna situación o lugar pasado. Algunos dicen que podemos recordar 10 mil olores. Otros dicen que 20 mil.
A veces en carretera pasa uno al lado de un campo que se está (o lo están) quemando, y piensa uno "huele a humo o huele a quemado". Otras veces nos llega el olor de una fábrica de cuero y exclama uno "guácala". Ya no digamos los olores en la cocina o cuando huele a gas (más bien a mercaptano).
Me acordé de esto porque el otro día en el trabajo iba yo pasando al lado de agua estancada y me olió a pescado. Eso provocó inmediatamente que en mi mente recordara épocas pasadas cuando iba yo llegando a (o saliendo de) Empalme, Sonora. En ese entonces pensaba: "ya llegué" (o "ya me voy"). Ya llovió de aquello. Ignoro si siga oliendo a pescado al llegar a ese pueblo. A su vez, si me profundizo en mi interior y a pesar del olor intenso a pescado, fueron buenos tiempos, pasados, pero buenos. Hermosas, las sonorenses.